Tirar de Lengua

14 diciembre, 2011

Érase un hombre a una nariz pegado.

Filed under: Francisco de Quevedo,Uncategorized — la profe, Nico @ 22:59

“Érase un hombre a una nariz pegado”

 

Érase un hombre a una nariz pegado, A

érase una nariz superlativa, B

érase una nariz sayón y escriba, B

érase un peje espada muy barbado. A

 

Era un reloj de sol mal encarado, A

érase una alquitara pensativa, B

érase un elefante boca arriba, B

era Ovidio Nasón más narizado. A

 

Érase un espolón de una galera, C

érase una pirámide de Egipto, D

las doce Tribus de narices era. C

 

Érase un naricísimo infinito, D

muchísimo nariz, nariz tan fiera C

que en la cara de Anás fuera delito. D

Comentario de texto

Cada verso es una unidad independiente de la que le precede y le sigue, excepto los versos 13 y 14.

En cada verso, Quevedo instalado un objeto distinto, relacionado con el objeto central mediante una metáfora.

El tema tratado, por medio de metáforas, se somete a rápidas y múltiples transformaciones.

Buena parte del soneto está montado sobre dos bases, cambiando de sentido según se mire. Los versos giran sobre lo sutil de una palabra o expresión disémicas:

La nariz sayón (v.3) es el primer caso de doble sentido.

    • La nariz se convierte en una saya grande; y por tanto, en un objeto de gran tamaño que baja acampanadamente hacia el suelo.
    • Alude también al mundo judaico
    • Un tercer sentido, es el de feroz y rebelde (pues tiene de sayón la rebeldía había escrito en un soneto contra Góngora.

El segundo sustantivo: escriba comporta otras dos notas alusivas

    • Evocar la actitud inclinada del que escribe, reiterando el carácter descendente de la nariz, como en la verso 6
    • Apunta al judaísmo como en los versos 11 y 14 (doctor e intérprete de la ley entre los hebreos).

Todas estas insinuaciones han cabido en un verso, en dos palabras, sobre las que Quevedo ha acumulado todo su formidable sentido del idioma

En el verso 4 hay un primer equívoco con peje que juega con sus dos sentidos:

Pez

Hombre astuto

El verso puede correr, pues, por dos caminos.

    • El sentido inmediato es el siguiente “aquel peje, de barba y espada poseía una gigantesca nariz que le hacía semejante a un pez espada”
    • pero la intención de Quevedo es que entrásemos por una segunda vía “aquella nariz era como un pez espada dotado de grandes aletas anteriores o barabas, en suma: “una larga nariz por cuyos salen abundantes mechones de pelos”.

El efecto cómico gira, pues, sobre la dilogía de barbado, que se dice a la vez de “quien tiene barabas en el rostro” y del “pez dotados de aletas o cartílagos llamados barabas”

El verso 5 está también lleno sugerencias. La alusión al reloj de sol evoca enseguida a la nariz hiperbólica mal encarado alude a la vez a dos o quizá tres significados:

  • “mal orientado”, es decir desviado
  • “no enfrentado al sol” y por tanto sombrío.
  • “de mala cara”

Aquel individuo, pues, parecía un reloj de sol, cuya aguja (de larga nariz) seguía una dirección anómala, y era al vez, sombrío y de mala catadura

El verso 7, bajo su transparencia oculta una doble alusión:

    • “Un elefante boca arriba” sugiere inmediatamente algo descomunal, como una tremenda y descompuesta masa. El poder hiperbólico de Quevedo quedaría suficientemente demostrado, no la sutileza conceptual, ya que tal hipérbole resulta poco ajustada .
    • Pero el ajuste se realiza cuando arrancamos “boca arriba” su segundo sentido: no sólo significa “con las patas por alto” sino “arriba por encima de la boca“.

Ya está claro el problemático verso que significa a la vez:

    • La nariz era tan monstruosa como un elefante boca arriba.
    • Aquel individuo por encima de la boca era un elefante, porque su nariz era tan grande como una trompa.

En el verso 14 aquella nariz hubiera sido demasiado grande hasta para Anás, es decir, de un judío; pero un judío muy peculiar cuyo nombre se puede explicar por una caprichosa etimología: A -nás, que significa sin nariz. Es decir, que tan descomunal era el apéndice, que hubiese resultado excesivo hasta en el rostro de un riguroso chato.

 

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