Tirar de Lengua

23 noviembre, 2011

Tras un amoroso lance.

Filed under: San Juan de la Cruz — la profe, Nico @ 7:53

Tras un amoroso lance

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista
y la más fuerte conquista
en escuro se hacía
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto
y fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: No habrá quien alcance.
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.

COMENTARIO DEL POEMA

INTRODUCCIÓN

La composición Tras de un amoroso lance, escrita con toda probabilidad en Granada por los años 1584-15857, ha sido y es calificada como una de las menores de San Juan de la Cruz, lo que no ha impedido reconocer que, por su gran belleza, debería haber sido más valorada y ocupar un puesto más alto dentro de la obra poética del santo.

El poemita, inmerso en la tradición castellana, sigue la técnica del Cancionero. Se enmarca en una corriente popular y el tema que desarrolla no es otro que el de la «caza de amor», en la que éste es concebido como conquista lograda, y por ello victoriosa, después de una ardua persecución. Dentro de esta caza de amor, en sentido amplio aparece como una vigorosa rama «la caza cetrera de amor».

Es un poema “a lo divino”, o sea, ha sido divinizado. En esto se diferencia de los otros poemas analizados, que ya han sido creación directa de un tema espiritual. En su poemario solo se registran tres composiciones propiamente divinizadas, en las que se ha hecho una transposición por entero –Tras de un amoroso lance. Un Pastorcico y Por toda la hermosura-, pertenecientes las tres a una misma época, al período granadino. Bastan estas tres piezas para ver la originalidad de nuestro autor, que aunque aparentemente se suma a la oferta poética de su tiempo, a lo que solían hacer otros escritores religiosos (glosas, divinizaciones), lo hace con muy distinta motivación y resultado, no ya sólo para enfervorizar a sus lectores, sino para transmitir unas experiencias místicas de pureza y genuinidad poco comunes. Y es que en tiempos de Juan de la Cruz había mucha poesía piadosa, pero ningún precedente lírico de mística española, ninguna que expresara operaciones del alma tan recónditas.

TEMA Y ARGUMENTO

Con relación a la temática, la crítica mantiene un consenso unánime al inscribir esta composición poética en la tradición, vertida a lo divino, de la caza cetrera o altanera de amor, en la que el alma, asimilada a un halcón, neblí, gerifalte, etc., se lanza en persecución de la presa divina hasta hacerla suya. No obstante, tal vez sea conveniente matizar que, a pesar de la insistencia en el logro final de la caza, como objetivo gozosamente alcanzado, lo que verdaderamente se desarrollan en los versos son las cualidades, incidencias y vicisitudes del proceso ascensional que lo hicieron posible. Dicho de otro modo, el tema profundo de este poema, es el del vuelo.

La imagen del vuelo para simbolizar la elevación moral del alma hacia Dios es una constante de la tradición cristiana (la figura alada de los ángeles). Pero, al mismo tiempo, en San Juan es un símbolo, como otros claves suyos -Noche, Llama, etc.

ESTRUCTURA

Hay que justificar el porqué San Juan utiliza este tipo de composición.

Está impregnado del espíritu teresiano (Santa Teresa de Jesús) que favorecía e impulsaba la composición de coplas, romances, villancicos, etc., esto es, temas y metros populares, relacionados con momentos de la vida religiosa o con determinadas festividades.

Esta actividad poética carmelitana, de arranque anónimo y de sentido colectivo, se propagó debido al carácter musical, cantado, de estos versos inspirados en melodías populares. De este modo, se crea una auténtica escuela de poesía cantada carmelitana, que desde la rama femenina se extenderá rápidamente a los conventos de religiosos. Es este ambiente el que favorece y explica la incorporación de elementos de la lírica cancioneril en la obra de San Juan de la Cruz.

ESTRUCTURA INTERNA

El poema, compuesto por versos octosilábicos, consta de un estribillo, y de cuatro estrofas que glosan aspectos del mismo. La inserción reiterativa del cuarto verso -«que le di a la caza alcance»- y parte del tercero -«tan alto, tan alto»- se efectúa de tal manera que quedan incorporados orgánicamente a ellas por el sentido y por la rima.

Tanto el estribillo como las cuatro estrofas tienen el mismo esquema métrico: octosílabos con rima abrazada.

            Tras|de un|a|mo|ro|so| lan|ce     8a

            y| no| de es|pe|ran|za| fal|to        8b    

            vo|| tan| al|to| tan| al|to            8b     

            que| le| di a| la| ca|za al|can|ce.  8a

 

ESTRUCTURA INTERNA

El estribillo se constituye en un compendio que va a ser desglosado en las estrofas.

1ª Estrofa

En la primera se justifica la exigencia del «vuelo». Es una  imagen plástica donde se entrevé una dimensión: la verticalidad. No es un desplazamiento rasante, horizontal, paralelo a la superficie terrestre, sino perpendicular a la misma. Ello presupone un decidido e intenso impulso inicial. Se trata, pues, de una empresa apta tan sólo para ánimos valerosos y esforzados, dado que se afronta una verdadera aventura -espiritual- en la que no faltarán riesgos.

En este vuelo sustancial o esencial subyace la contraposición entre vida terrena o terrenal y vida celeste o celestial.  Y entre estas dos modalidades hay que optar, pues, son excluyentes entre sí: para obtener uno hay que renunciar, más aún, negar, reducir a la nada su opuesto. Pues bien, la verdadera vida es la aérea ( «aire»). De ahí su remonte, su fuerte ímpetu ascensional, para intentar llegar al fondo de esa infinitud y gozar de su anchura y soledad. en definitiva, de la libertad de espíritu. Y, así, es posible obtener la caza divina, si ésta se deja coger.

Sin embargo ante un vuelo de tan insondable lejanía, la preparación humana puede quedar corta –falto es el vocablo utilizado-. Ahora bien, el motor que propicia y facilita la ascensión es el amor. Él es la clave de donde arranca el empuje vital necesario e imprescindible para lanzarse a la aventura. En definitiva, el amor es lo que garantizará el éxito final: rendida por el amor, la caza divina se deja cazar.

2ª Estrofa

Se ponen de relieve determinados aspectos inherentes al símbolo del vuelo.

Uno de los símbolos más importantes es el de la Noche. Simboliza el proceso místico que conduce a la unión, pero enfocado en sus virtualidades y características negativas. Esta negatividad se refleja y expresa simbólicamente mediante la oscuridad. La Noche, ya de por sí carente de luz, es calificada de un modo insistente y enfático de oscura. Pues bien, en esta estrofa aparecen concentrados términos pertenecientes al campo semántico de la luz y de su ausencia; unos poéticamente aludidos, como luz o día, otros explícitamente presentes como oscuro, y otros, finalmente, relacionados con la «luz», como vista y sus antónimos, ceguera, ciego, etc.

El vuelo simboliza un proceso espiritual encaminado a la unión mística, es totalmente lógico y coherente con el sistema sanjuanista que, al menos alguna de sus fases o etapas sea oscura. Éstas, una vez superadas, harán que el proceso todo, la Noche, se convierta en amable, que precede al díaà unión mística. Condición del vuelo simbólico es que el movimiento vaya dirigido simultáneamente hacia la altura y hacia la luz.

Dios es la luz por antonomasia para San Juan. Por consiguiente, el que asciende se vuelve más puro, pero también más luminoso, y la meta a que se aspira es transformarse en Dios, esto es, en luz.

Ahora bien, si la aproximación al foco luminoso es excesiva, o demasiado brusca, se produce el deslumbramiento. Así, pues, la ceguera puede provenir de un exceso de luz. Con todo, tanto la ceguera como la oscuridad externa producen el mismo efecto: impedir que se vea con nitidez (ver = «conocer»). Pero, el ímpetu amoroso suple con creces la carencia visual e impulsa poderosamente a lo alto: a dar un salto calificado de ciego y oscuro. Acierta y alcanza la meta -presa- anhelada.

3ª Estrofa

Se describen unos rasgos declaradamente paradójicos de este vuelo. Tal posibilidad le viene dada por el carácter ambivalente que, como todo auténtico símbolo, posee; esto es, la capacidad de englobar y aunar contrarios entre sí. Este hecho es el que explica la abundante presencia de antítesis, muy frecuentes en las obras místicas y en concreto en la de San Juan de la Cruz: fuego tenebroso, noche alumbradora, oscura luz de contemplación, etc., y el que, cuando estas cualidades antitéticas se desarrollen, surjan las formulaciones paradójicas. Por eso se consideran las paradojas características del lenguaje místico, ya que éste,  ha de ser simbólico.

4ª Estrofa

La cuarta estrofa es un canto encendido a la esperanza. Pero la esperanza de «cielo». Otra vez, patente, la contraposición, de raigambre medieval, cielo / tierra; vida celestial / vida terrenal, y en la base, la de Creador / criatura. Se percibe vagamente la acción divina en ese vertiginoso final ascendente, extraño a la naturaleza humana. La manera puede aludir al modo de hallarse el alma, que significativamente no vuela, sino que pasa, sobrepasa o supera mil vuelos o etapas progresivas ascendentes. Parece como si el alma fuera levantada o arrebatada a lo alto, lo que nos sitúa en los últimos estadios del proceso místico, en los que en estado de pasividad, se deja  actuar por Dios.

El alma no debe hacer nada… salvo esperar. Una espera fundamentada en el amor. Se establece una relación entre entre alcanzar y esperar. El logro del primer elemento procederá del cumplimiento y acabamiento del segundo. Pero ambos, en este contexto, funcionan como antónimos. Hay una paradoja interna.

Conocemos, porque el propio autor se encarga de hacerlos explícitos, los niveles de intensidad y profundidad de la espera sanjuanista: esperó «sólo este lance». Dicho en otras palabras, su vida estaba proyectada única y exclusivamente hacia esta meta, hacia este fin. El divino lance constituía la finalidad de su existencia, lo único que otorgaba a ésta verdadero sentido. La esperanza es una virtud que tiende sus ejes hacia el futuro. Lo que pretende el santo es sumir al alma en un presente abierto y libre, sin recuerdos del pasado ni preocupaciones por el porvenir, sólo tenso hacia Dios. La apertura hacia el futuro se funda en la esperanza.

Los últimos versos de esta estrofa extraen la consecuencia, que el santo quiere poner de manifiesto y destacar preferentemente a sus hermanos de Orden: la esperanza, si es de realidades celestiales y está teñida de amor, conduce, en una progresión ascendente y sublimadora, a través de escalas y vuelos, a lo más alto, al espacio infinito y luminoso, a la cumbre solitaria del monte, donde, mansamente, en secreto -por fin- se consigue, la caza trascendente para fundirse con ella: «Cuanto más de esperanza tiene (el alma) tanto más de unión con Dios». Y en la unión mística, el alma, que posee ya a Dios, se hará Dios por participación.

CONCLUSIÓN

Se trata de una experiencia contemplativa, autobiográfica y de potente dinamismo (verbos de movimiento, en primera persona y totalmente opuesta al quietismo iluminista), cantada desde la cumbre (la acción está descrita en pretérito, como en el poema de la Noche, desde la paz de una visión total que está por encima de los avatares de la persecución), como un acontecimiento pasado, pero que perdura y es recordado con gran intensidad (la ausencia de adjetivos), condensado por entero en el dinamismo de las virtudes teologales, explícita e implícitamente significadas de esta manera: el amor (amoroso lance), la esperanza (y no de esperanza falto), y la fe (volé tan alto, tan alto), operando y proclamando juntas el éxito logrado (que le di a la caza alcance), la captura de una misteriosa presa de la que tampoco se nos dice su nombre, sólo su condición de ser el supremo objeto del deseo.

POWER POINT DEL POEMA.

TRAS UN AMOROSO LANCE. San Juan de la cruz.

VÍDEO

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1 comentario »

  1. Soy seguidor de Enrique Morente, antes de que muriera dejo adaptado este poema con música para Estrella Morente.
    El resultado final del tema me parece de una belleza extraordinaria, pero mi falta de conocimiento y la complejidad de estos versos hacen que no sea capaz de poner en pié el mensaje que el autor quiere transmitir.
    Gracias a tus conocimientos he aportado un poco de luz sobre este poema.
    Gracias por poner tus conocimientos al servicio de los demás.
    Saludos.
    Curro Canela Fraile.

    Comentario por Curro Canela — 28 agosto, 2015 @ 21:54 | Responder


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