Tirar de Lengua

23 noviembre, 2011

Vida de San Juan de la Cruz

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SAN JUAN DE LA CRUZ

 Juan de Yepes Álvarez; Fontiveros, España, 1542-Úbeda, id., 1591) Poeta y religioso español. Nacido en el seno de una familia hidalga empobrecida, empezó a trabajar muy joven en un hospital y recibió su formación intelectual en el colegio jesuita de Medina del Campo.

En 1564 comenzó a estudiar artes y filosofía en la Universidad de Salamanca, donde conoció, en 1567, a santa Teresa de Jesús, con quien acordó fundar dos nuevas órdenes de carmelitas. Su orden reformada de carmelitas descalzos tropezó con la abierta hostilidad de los carmelitas calzados, a pesar de lo cual logró desempeñar varios cargos. Tras enseñar en un colegio de novicios de Mancera, fundó el colegio de Alcalá de Henares. Más adelante se convirtió en el confesor del monasterio de santa Teresa.

En 1577 prosperaron las intrigas de los carmelitas calzados y fue encarcelado en un convento de Toledo durante ocho meses. Tras fugarse, buscó refugio en Almodóvar. Pasó el resto de su vida en Andalucía, donde llegó a ser vicario provincial. En 1591 volvió a caer en desgracia y fue depuesto de todos sus cargos religiosos, por lo que se planteó emigrar a América, proyecto que frustró su prematuro óbito. Canonizado en 1726, fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1926.

Aunque los versos que de él se conservan son escasos y no fueron publicados hasta después de su muerte, se le considera como uno de los mayores poetas españoles de la época y como el máximo exponente de la poesía mística. Noche oscuraCántico espiritual y Llama de amor viva son sus tres obras poéticas capitales, a las cuales corresponden varias obras en prosa que les sirven de corolario explicativo, dado el hermetismo simbólico de su poesía: Subida al monte CarmeloNoche oscura del almaLlama de amor viva (las tres reunidas en el volumen Obras espirituales que encaminan a un alma a la unión perfecta con Dios) y Cántico espiritual.

Combinando la antigua simbología del Cantar de los cantares con las fórmulas propias del petrarquismo, produjo una rica literatura mística, que hunde sus raíces en la teología tomista y en los místicos medievales alemanes y flamencos. Su producción refleja una amplia formación religiosa, aunque deja traslucir la influencia del cancionero tradicional del siglo XVI, sobre todo en el uso del amor profano (las figuras del amante y de la amada) para simbolizar y representar el sentimiento místico del amor divino. La estrofa más empleada en sus poemas es la lira, aunque demuestra igual soltura en el uso del romance octosílabo.

Toda su doctrina gira en torno al símbolo de la «noche oscura», imagen que ya era usada en la literatura mística, pero a la que él dio una forma nueva y original. La noche, al borrar los límites de las cosas, le sugiere, en efecto, lo eterno, y de esa manera pasa a simbolizar la negación activa del alma a lo sensible, el absoluto vacío espiritual. Noche oscura llama también san Juan a las «terribles pruebas que Dios envía al hombre para purificarlo»; ateniéndose a este último significado, habla de una noche del sentido y de una noche del espíritu, situadas, respectivamente, al fin de la vía purgativa y de la iluminativa, tras las cuales vendría la vía unitiva, aspiración última del alma atormentada por la distancia que la separa de Dios, y realización de su deseo de fusión total con Él. Antes de acceder a la experiencia mística de unión con Dios, el alma experimenta una desoladora sensación de soledad y abandono, acompañada de terribles tentaciones que, si consigue vencer, dejan paso a una nueva luz, pues «Dios no deja vacío sin llenar».

San Juan utiliza determinados recursos estilísticos con una profusión y madurez poco frecuentes, dando un nuevo y más profundo sentido a las expresiones paradójicas («vivo sin vivir en mí», «cautiverio suave») y las exclamaciones estremecedoras («¡Oh, llama de amor viva!») habituales en los cancioneros. Lo que mejor define su poesía es su extraordinaria intensidad expresiva, gracias a la perfecta adecuación y el equilibrio de cada una de sus imágenes. A ello contribuye así mismo su tendencia a abandonar el registro discursivo y eliminar nexos neutros carentes de valor estético para buscar una yuxtaposición constante de elementos poéticos de gran plasticidad.

ENLACES DE INTERÉS

Centro Virtual Cervantes: http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/sjuandelacruz/

Bibliografía fundamental: http://www.ocd.pcn.net/book_sjc.htm

ESTUDIO MUY INTERESANTE SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA POESÍA DE SAN JUAN

 

El Amado

 

El poeta abulense de Fontiveros tiene el alma entroncada en la Sagrada Escritura; a la vez, conocía a fondo la teología tomista y lo más relevante de la tradición mística española y extranjera. Su profunda formación religiosa bebió también en las doctrinas platónicas -la idea de Dios como Belleza absoluta- como las exponían León Hebreo o Castiglione. Sin embargo, parece que no alcanzó una gran cultura humanística, aunque dominaba el latín. La Biblia fue su libro más íntimo; en su obra, resuena el eco profundo de una muy intensa lectura del Cantar de los Cantares. El elemento nuclear de su poesía se halla en el Verbo Encarnado; su palabra humana por medio del verso se entronca en la Palabra Divina, el Amado. En la búsqueda de la unión total con Dios, logra, en matrimonio místico, el entronque con el amado, hasta confundirse en un “unum”, en el que dos almas se diluyen en un solo ser.

Es preciso tener en cuenta, aparte de sus comentarios, su vida y su doctrina, de lo que no se puede prescindir, para conocer y enjuiciar sus poemas. Considerando las circunstancias especiales que rodearon al autor, se llega a captar una esfera de delicado comportamiento espiritual, no conceptual; se insinúa un halo sutil entre los versos, que los conforma de una trascendencia, a la vez humana y divina. Y, desde ese punto, se sublima hacia arriba y transfiere el tema del amor profano, al ámbito del amor divino, en el que se trasfunde el proceso de anonadamiento místico del alma a Dios, hasta llegar al matrimonio inefable.

San Juan de la Cruz tenía una auténtica índole de poeta. Se ha escrito que gustaba de la soledad y que, con frecuencia, se embebía en la visión de la noche de estrellas. Su obra lírica avala estas referencias y muestra su honda sensibilidad en su deliciosa delicadeza de afecciones y su esmerada elegancia anímica. Ante estas dotes, sustentadas por una percepción intelectual extremadamente sutil, Santa Teresa, llena de admiración, exclamaba: “Es demasiado refinado; espiritualiza hasta el exceso”. Hay que destacar también la fortaleza con que llegó a superar las más duras penalidades, hecho que viene a mostrar un hombre de enérgico carácter viril, recto y cargado de valores intrépidos.

La tesis de San Juan se halla en torno al símbolo de la “Noche oscura”. La imagen ya rodaba por la literatura mística, pero, al impulso de su pluma, se reviste de tales resonancias que se hace novísima y aparece en el espacio poético con traje completamente original. La noche, sustrayendo los límites de la realidad, evoca la eternidad y se traduce en un símbolo de la negación “activa” del espíritu al mundo perceptible o del absoluto vacío espiritual; “noche oscura” es también para él todo el cúmulo de horrendas pruebas con que Dios purifica al hombre. A tenor de esta significación, expresa la idea de una “noche del sentido” y de una “noche del espíritu”, “pasivas” y situadas respectivamente al final de la vía purgativa y de la iluminativa. Dos experiencias en que el alma sufre una desolada sensación de soledad y abandono y enormes tentaciones que, una vez vencidas, transportan a un estadio de esperanza luminosa, pues “Dios no deja vacío sin llenar”.

La obra de San Juan no recorre, como la de Santa Teresa, todas las fases del proceso místico, sino, solamente los puntos que median entre la “purgatio” y la “iluminatio”, y de la “iluminatio” y la “unio”. El poeta gusta de eliminar toda referencia a lo concreto, por lo que asegura que quedarse simplemente en la consideración de la humanidad de Cristo sólo es adecuada para principiantes. Insiste en la valía superior de la oración íntima, frente a la externa, por el camino de la teología ortodoxa más pura. Expone su mensaje con claridad y coherencia, pero la profundidad conceptual y su tono, muy lejano de la expresión popular de Santa Teresa, impidió que abarcase amplios espacios sociales. San Juan escribió lírica y prosa; pero sus obras no se publicaron hasta e1 siglo XVII. Los libros en prosa son cuatro comentarios de contenido doctrinal, interpretaciones didáctico-teóricas, sobre sus propios poemas.

En su obra lírica, figuran: “Noche oscura” expresa el gozo del alma que, habiendo alcanzado el estado de perfección, disfruta su unión con Dios; sus estrofas finales, las más preciosas de su producción poética, muestran de modo exquisito el dulce arrobo del alma en brazos del Amado, fuera de toda afección sensual. El “Cántico espiritual”, inspirada en el Cantar de los Cantares, dibuja, a través de la alegoría amorosa, todo el proceso místico, la búsqueda de la esposa, el feliz encuentro y la unión con Dios entre la Naturaleza; sus imágenes están embalsamadas de lirismo emotivo, musical y fascinante. La “Llama de amor viva” es poesía casi toda exclamativa, el grito del alma que arde en la llama del amor divino.

Aparte de sus poemas místicos, escribe el “Pastorcico”, de carácter pastoril, una alegoría de la Redención y varias composiciones más en las que manifiesta un aspecto meramente religioso. Entre ellas, se encuentran poesías en metro menor, coplas, glosas y romances, en las que el autor, tratando de temas profanos, los asciende a «lo divino».

Se observan, en la poesía de San Juan, influencias, dice Dámaso Alonso, de la Biblia, de Garcilaso, de la poesía culta del Cancionero, y la lírica tradicional popular. Es el poeta lírico más grande de nuestra literatura. Destaca esencialmente por su energía intelectual, su sincera moderación, su riqueza de colorismo e imágenes y la vehemencia ardiente con una emoción y una técnica diferentes. Usando acertados recursos estilísticos con una exuberancia y destreza magistrales, se muestra extraordinario maestro de la expresión intensiva en unos versos de misteriosa sugestión, insertos en los elementos simbólicos de profundo poder evocador. Subyace la belleza majestuosa y pura del paisaje; montañas, valles, flores, agua, praderas aparecen y envuelven a los amantes. Así, pudo escribir el profesor Orozco: «Se alcanza, con San Juan de la Cruz, el máximo en espiritualización del paisaje».El santo trata de formar un segundo sistema de signos que le sirvan para su comunicación trascendente, por lo que, todo el lenguaje de sus poemas místicos es simbólico, está expresado en clave.

La originalidad del santo estriba en la doble hermosura radical de cada una de sus expresiones que trasmite a los poemas su especial unidad alegórica. “El simbolismo, dice C. Cuevas, con su poética ambigüedad irracional y connotativa, es el responsable principal del lirismo de los versos sanjuanistas, y por extensión participativa, también de muchos pasajes de su prosa. Por eso, cada uno podrá interpretarlos de manera distinta, toda vez que el signo estético-lingüístico, lo «mentado», actúa como desencadenante de una multiplicidad de «evocaciones», según la sensibilidad, el temperamento o la preparación de los lectores”.

San Juan de la Cruz, mediante la técnica y su inspiración, halla asociaciones y correspondencias en todos los niveles del lenguaje con su contenido místico; pero será en el lenguaje figurado, donde encuentre su más original cauce expresivo.

Camilo Valverde Mudarra

 

 

 

VÍDEO INTERESANTE SOBRE SU VIDA

Puedes empezar a verlo a partir del minuto 3.

Noche oscura.

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Noche oscura del alma

En una noche oscura

con ansias en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada

A oscuras y segura

por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,

en secreto que nadie me veía

ni yo miraba cosa

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba

más cierto que la luz de mediodía

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía

en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste!

¡Oh noche amable más que la alborada!

¡Oh noche que juntaste

amado con amada,

amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba

allí quedó dormido

y yo le regalaba

y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena

cuando yo sus cabellos esparcía

con su mano serena

en mi cuello hería

y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme;

el rostro recliné sobre el amado;

cesó todo, y dejéme

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

COMENTARIO DEL POEMA

TEMA.

El tema del texto es el encuentro de una muchacha, en la noche, con su amante.

 MUCHACHA = ALMA

RESUMEN.

Una joven cuenta cómo, en plena noche, aprovechando la tranquilidad de esa hora, sale a escondidas de su casa y va a reunirse con su enamorado. Envuelta en la oscuridad, se deja dirigir por la luz de su propio amor hasta el lugar de la cita, donde la pasión de los amantes culmina. A continuación, relajados por la brisa nocturna, los amantes se adormecen, primero, el amado velado por la amada, por último, ella misma.

ESTRUCTURA.

El texto se puede dividir en cuatro partes:

-Primera parte (estrofas 1ª y 2ª): trata de cómo la muchacha escapa de su casa.

-Segunda parte (estrofas 3ª y 4ª): muestra a la muchacha, ya fuera de la casa, yendo al encuentro del amado;

-Tercera parte (estrofa 5ª): expresa el clímax que provoca el encuentro de los amantes.

-Cuarta (estrofas 6ª, 7ª y 8ª): describe la relajación que sigue a la pasión del encuentro.

RECURSOS ESTILÍSTICOS.

►  Al comienzo del poema, la alegría de la amada se destaca con recursos enfáticos, de repetición, como:

  • La aliteración de nasales en el 2º verso: “con ansias, en amores inflamada”.
  • La aliteración de s en el 4º verso: “salí sin ser notada”.
  • La repetición de la exclamación del 3º verso en el 8º: “¡oh dichosa ventura!”.

También resalta este estado de ánimo el hipérbaton del 2º verso, que adelanta el complemento circunstancial de modo, “con ansias, en amores inflamada”, al verbo, “salí”.

►  La facilidad con que la noche disimula la salida de la amada también se subraya con el mismo tipo de recursos:

  • La anáfora de “a oscuras” a comienzo de los versos 6º y 9º, entre los que hay un paralelismo.
  • El pleonasmo del verso 1º, “noche oscura”, que parece querer dar mayor intensidad a un rasgo natural en la noche, como es la oscuridad.
  • La repetición del mismo verso al final de las dos estrofas: “estando ya mi casa sosegada”.

►   Esta importancia de la noche como tiempo idóneo para encontrarse con el amado se acentúa con:

  • La elipsis de “salí sin ser notada”, que se debe sobrentender en la segunda y tercera estrofas. Mediante esta elipsis, el poeta prescinde de la acción para insistir, sobre todo, en el ambiente que rodea a la amada, pues su relevancia en la unión de los amantes es esencial, como se intentará explicar en el comentario crítico.
  • Los hipérbatos de los versos 1º y 11º, donde los complementos circunstanciales de tiempo, “en una noche oscura” y “en la noche dichosa”, preceden al verbo “salí”, explícito en la estrofa 1ª y sobrentendido en la 3ª.
  • La personificación de la noche: primero en el v. 11º, “noche dichosa”, que atribuye a la noche los sentimientos de la muchacha; después, en la apóstrofe de la 5ª estrofa, donde la noche es representada a modo de celestina que reúne a los amantes.
  • La paradoja del verso 21º, “¡Oh noche, que guiaste!”, en la que la noche realiza una acción en apariencia imposible a causa de su oscuridad, la acción de “guiar” a los amantes, pero que indica que es esa oscuridad precisamente la que ha facilitado el encuentro de ambos al protegerlos de las miradas ajenas.
  • La antítesis del verso 22º entre la “noche” y la “alborada” , que destaca de nuevo la importancia de la oscuridad de la noche al considerarla superior a la luz del día.

►  En contraste con la negrura externa de  la noche, en el poema el amor aparece representado con la metáfora de la luz interior. El amor es luz, “luz y guía” (v.14º), porque es fuego, “en el corazón ardía” (v.15º). Antes, en el v. 2º, ha aparecido ya esta metáfora que identifica al amor con el fuego, “en amores inflamada”, muy habitual en esta época para referirse al  poder que este sentimiento tiene sobre el ánimo de los enamorados. Aquí, sin embargo, el fuego del amor parece ser el impulso que lleva a la muchacha hasta el amado, como parece poner de manifiesto la hipérbole de los versos 16º y 17º, “aquesta me guiaba/más cierto que la luz del mediodía”, donde el amor es una fuerza que proporciona seguridad a la amada en su camino.

►   La estrofa 5º acumula gran cantidad de recursos porque en ella se produce el hecho esencial del poema, la unión amorosa de los amantes, expresión máxima del amor. Entre estos recursos sobresalen:

  • La apóstrofe a la noche, resaltada por la exclamación, por la anáfora de “oh noche” (al comienzo de los versos 21º, 22º y 23º) y por el paralelismo que repite el  vocativo (“oh noche”) seguido de una subordinada adjetiva (vv. 21º y 23º) o de un adjetivo (v.22º). La vehemencia de esta apóstrofe sugiere el intenso sentimiento que experimenta la amada.
  • La derivación y la aliteración de m y d en los versos 24º y 25º, “Amado con amada,/ amada en el Amado transformada”, que evocan el éxtasis al que llegan los amantes, al sugerir que pierden la conciencia de ser seres distintos.

►   En los versos siguientes, las “ansias” de la amada al comienzo del poema se han transformado, tras el goce del amor, en una actitud relajada y dulce. Como antes se ha hecho con la noche y la luz interior, se vuelven ahora a utilizar la metáfora, la personificación del ambiente y la aliteración para mostrar esa sensación de paz espiritual:

  • Las metáforas referidas a los amantes los revisten de belleza: el “pecho” de la amada es “florido”, como un prado, al tiempo que el cuerpo del amado es “azucenas” sobre las que reposa la amada. Sin embargo, estas metáforas parecen aludir, más que a una descripción física de ambos, al sentimiento de felicidad serena que los embarga. Esta es la interpretación que tendrían los dos últimos versos, “dejando mi cuidado/ entre las azucenas olvidado”, en los que las “azucenas” (el cuerpo del amado) dan reposo a la inquietud (“cuidado”) de la amada.
  • El ambiente acogedor, protector, se evoca a través de la sensación provocada por el aire, que se describe con la metáfora que transforma los cedros en un abanico (“ventalle de cedros”, v. 30º) y con la personificación del aire en la 7ª estrofa, donde éste aparece casi como otro amante, sobre todo a través de la metáfora que identifica la relajación de los sentidos con una herida (“con su mano serena/en mi cuello hería/y todos mis sentidos suspendía”).
  • La aliteración de d y m en los versos 36º (“Quedéme y olvidéme”) y 38º y 38º, apoyada en una derivación, (“dejéme,/dejando mi cuidado”), potencia la idea de paz con que la muchacha se abandona al descanso.

COMENTARIO.

Hay que explicar las dos posibles interpretaciones del poema: la religiosa y la erótica.

A-    Interpretación religiosa.

Si se considera el poema desde un punto de vista religioso, en él se describe la experiencia mística del poeta de

sde que su alma, la amada, está purificada hasta que se une a Dios, el amante. La escapada nocturna representa el camino recorrido por el alma, en el que se distinguen tres pasos necesarios: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva. Cada una de estas “vías” se refiere a un estado distinto de la vivencia del místico. El místico es un hombre que logra “fundirse” con Dios, sentirlo dentro de sí. Para llegar a ese momento de exaltación espiritual en que el hombre deja de ser él mismo porque Dios ocup

a todo su ser, el místico ha de pasar por distintos momentos que lo han preparado para esa situación sublime.

El primero de esos momentos es la VÍA PURGATIVA, que tiene como fin purificar el alma para hacerla digna de Dios. Esta purificación se consigue a través del alejamiento de todas las tentaciones y preocupaciones terrenales, de modo que nada pueda distraer al alma del anhelo de encontrar a Dios. La “casa sosegada” sugiere esta calma del espíritu, distante de cualquier inquietud que lo perturbe. La “noche” que ayuda a la amada no es la noche del mundo real, la oscuridad que esconde a la amada de la vigilancia de aquéllos que podrían impedir su amor. La noche es la noche del espíritu, un estado del alma en el que ésta no presta atención a nada externa, porque para que Dios entre

en ella, el alma debe olvidarse del mundo y concentrarse sólo en ella.

Ya en esa noche, donde el alma está sola, comienza la VÍA ILUMINATIVA, el paso en el que el alma ve o siente la presencia de Dios. Este momento está simbolizado en el texto por la luz “que en el corazón ardía”. En un texto que trata

sobre el alma y Dios, la luz tiene que ser necesariamente una luz interior, Dios hace arder en el corazón, porque esa luz es una gracia que Dios concede al alma para señalarle su presencia. La luz es, en suma, una muestra del amor de Dios.

En el verso 25º, “amada en el Amado transformada”, se produce la realización de la “VÍA UNITIVA”. En esta última vía, el alma logra sentir plenamente a Dios en ella y pierde la conciencia de sí misma, llega a ser un solo ser con Dios. En esta experiencia, el alma deja de ser ella misma para formar parte de la divinidad y vivir una sensación que está más allá de la razón humana. Sólo la noche le sirve para explicar esta vivencia de unirse a Dios, puesto que en la noche parece no existir nada salvo Dios.

Las últimas estrofas descubren la felicidad del alma tras el encuentro con Dios. En ellas, el alma revela una actitud distinta de la del inicio del poema. Ahora, todo el entorno es un reflejo del amor: los cedros, la almena, el aire y las metáforas de las flores forman un mundo donde todos los elementos son cómplices del amor y aíslan a los amantes. Este mundo reflejaría la impresión de paz y de belleza que deja Dios en el alma del místico.

B Interpretación erótica

A esta interpretación religiosa del poema, es posible oponer otra tan sólo humana. El poema puede ser leído como un poema de amor sin más, donde una muchacha relata una noche de amor con s

u amante. El poeta, San Juan de la Cruz, puede insistir en que intenta desvelar la unión entre el alma y Dios, pero los sentimientos del poema son tan extremos, tiernos e ingenuos, que crean la impresión de ser en verdad los propios de una muchacha enamorada. Al comienzo, el cuidado con que sale de su casa para no ser descubierta sugiere el miedo propio de una jov

en consciente de que hace algo impropio, merecedor de un castigo. En ningún momento son estos sentimientos los de un alma que sale al encuentro de Dios. La alegría de la exclamación, “¡oh dichosa ventura!”, parece más bien la alegría de la muchacha que elude la vigilancia de los que impedirían su salida hacia la cita con el amado. Esa misma idea se encuentra en los versos siguientes, cuando la amada insiste por dos veces en la ausencia de testigos: “en secreto, que nadie me veía” (v.12º) y “en parte donde nadie parecía” (v.20º).

En las exclamaciones de la quinta lira del poema converge una confusión de alegría y placer que puede explicarse como manifestación del éxtasis erótico. En los versos que siguen a esta lira, predominan las sensaciones físicas: la suavidad y hermosura del pecho de los amantes (“pecho florido”, “azucenas”), la frescura del aire y el movimiento de los árboles (“el ventalle de cedros”), la sensibilidad de la piel ante la brisa (“el aire del almena…en mi cuello hería”), el deleite de acariciar el pelo del amado (“cuando yo sus cabellos esparcía”) y la laxitud del cuerpo tras el amor (“el rostro recliné sobre el amado”).  Estas sugerencias corresponden con bastante acierto, a pesar de la intención del poeta, a un cuerpo agotado y, al mismo tiempo, con los sentidos exaltados después de haberse entregado al amor.

Por último, la pasión amorosa que se desprende de todo el poema, que da sentido a la alegría de la muchacha, se debe a una circunstancia fundamental: desde la primera estrofa, se deja claro que el amor de la muchacha es un amor oculto, probablemente ilícito. Ya hemos comentado algunos de los versos de los que se deduce esta

idea, sin embargo el que la manifiesta de un modo más preciso es el sexto: “por la secreta escala, disfrazada”. El empeño y el valor de la muchacha por superar cualquier obstáculo, hacen que su amor sea el amor de una persona para la que el amor es tan importante que desprecia cualquier otro

tipo de circunstancia: el castigo de la familia, la vergüenza social, la duda sobre si es realmente amada. Se trataría, en conclusión, de un amor tan inocente y tan fuerte que se ajusta de un modo natural al amor tal y como lo sentiría una joven enamorada, sea o no símbolo del alma de un místico.

                                                                                                                                                                                                                             (Por Rafael Roldán Sánchez.)
 
 

POWER POINT

NOCHE OSCURA DEL ALMA. San Juan de la c

VÍDEO

Llama de amor viva.

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Llama de amor viva.


1
¡ Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro !
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres ;
rompe la tela de este dulce encuentro.

2
¡ Oh cauterio suave !
¡ Oh regalada llaga !
¡ Oh mano blanda ! ¡ Oh toque delicado !
Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga ;
matando, muerte en vida la has trocado.

3
! Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido !

4
! Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras !

COMENTARIO DEL POEMA

INTRODUCCIÓN

El poema y el comentario de la Llama de amor viva fueron compuestos por Juan de la Cruz en el convento de los mártires de Granada, en 1584 (o 1585), mientras era vicario provincial de Andalucía. Fueron escritos en quince días, a petición de Ana de Peñalosa, una de sus hijas espirituales preferidas. Hubo un poco más tarde una segunda redacción, ligeramente aumentada, pero los dos textos se sitúan después de la Subida del Monte Carmelo, de la Noche oscura y de la primera versión del Cántico espiritual.

Según el mismo Juan de la Cruz, las cuatro estrofas de su poema se inspiran, respecto a su estructura, en un poema de Garcilaso: la soledad siguiendo… En cuanto al comentario, toma pronto el paso de una confidencia libre. San Juan de la Cruz, sin la menor duda, tenía a su destinataria presente en la mente cuando lo escribió. La Llama es la última gran obra de San Juan de la Cruz y expresa la cumbre de su experiencia. Descubrimos en ella un aspecto poco conocido de su personalidad: el polemista que echa la culpa a todos los seudo-guías espirituales. Contra ellos, que a veces tutea agriamente, reafirma fuertemente la prioridad de la acción de la gracia y de la contemplación divina sobre la acción, la obra y la meditación humana. Mas, que se trate de exposición mística o de pedagogía espiritual, la Llama  de amor viva ha sido escrita en la pasión y la llama del amor, como  San Juan de la Cruz mismo lo hace entender en su prólogo.

VOCABULARIO

Esquivar, cauterizar, trocar. morar.
Esquivar: Moverse para evitar algo o a alguien.
Cauterizar: Quemar una herida o destruir un tejido con una sustancia cáustica, un objeto candente o aplicando corriente eléctrica.
Trocar: Dar o tomar algo por otra cosa.
Morar: Habitar o residir habitualmente en un lugar.

 

TEMA Y ESTRUCTURA

TEMA

El tema del poema es la unión mística con Dios, y también el amor que el poeta siente hacia él.

ESTRUCTURA EXTERNA

Métrica

          ¡Oh-lla-ma-de_am-or-vi-va       7 a
que-tier-na-men-te-hie-res      7 b
de-mi-al-ma_en-el-más-pro-fun-do-cen-tro!      11 C
Pues-ya-no_e-res-es-qui-va     7 a
a-ca-ba-ya-si-quie-res,             7 b
¡rom-pe-la-te-la-de_es-te-dul-ce_en-cuen-tro!     11 C

Como podemos observar, el poema consta de cuatro estrofas de seis versos con estructura de lira, es decir, dos versos de siete sílabas combinados con uno de once sílabas, con una rima consonante de: a-b-C-a-b-C-d-e-F-d-e-F… y así sucesivamente.
 

ESTRUCTURA INTERNA

En la primera estrofa.

El poeta pide a Dios que finalmente rompa la barrera entre lo divino y lo terrenal y le permita unirse con él (“¡rompe la tela de este dulce encuentro!”),  diciéndole que la misma llama de su amor le está hiriendo (no de una manera dolorosa, sino tiernamente) y que ya está preparado para unirse con él.

En la segunda estrofa.

Se hacen tres alusiones a los tres componentes de la Santísima Trinidad: El cauterio es el Espíritu Santo; la mano es el Padre y el toque es el Hijo. Después de esta introducción San Juan nos habla sobre la vida eterna, que sin duda alguna es mejor que la vida terrenal “y toda deuda paga!”.


En la tercera estrofa.

San Juan explica cómo el amor de Dios ha influido en su vida: Antes de enamorarse de él, “estaba oscuro y ciego” pero tras enamorarse de él este amor le da luz y color a su vida. El alma agradece al esposo que se haya producido  la unión.


Por último, en la cuarta estrofa.

El  poeta intenta explicar (ya que él sabe perfectamente que es imposible reflejar en un escrito todo su sentimiento místico) cómo se manifiesta el amor de Dios en él, cómo lo siente en su pecho y suspira con anhelo por el momento en que su amor pueda consumarse.

RECURSOS ESTILÍSTICOS

Podemos encontrar bastantes figuras retóricas en el poema:
“dulce encuentro”,  “mano blanda”, “toque delicado” , “profundas cavernas”,  son ejemplos de epítetos que San Juan utiliza para ornamentar estos pequeños detalles, resaltando el adjetivo por encima del sustantivo.
También encontramos diversas metáforas: “lámparas de fuego” y “llama de amor viva” que hacen referencia a la iluminación y al calor que el amor de Dios le ofrece   (lámparas dan luz || llama da calor). San Juan utiliza la repetición o paralelismo, destaca la segunda estrofa:

“¡O cautiverio suave!

¡O regalada llaga!

¡O mano blanda! ¿O toque delicado…”

Paralelismo, se repite la misma estructura sintáctica:

La exclamación + nombre + adjetivo

Anáfora, repetición de la misma palabra al inicio del verso. Aquí, además, coincide con exclamaciones, figura muy abundante en todo el poema, que ayuda a expresar el asombro del Alma al tener contacto con Dios.

Apreciamos un predominio de  antítesis “Tiernamente hieres”, Cauterio suave”. “regalada llaga”. Se sigue recreando en la turbación que siente el Alma,  pero que es un goce para ella.

Paradoja: hay un verso muy logrado que merece la pena analizar por separado:

V.12  “Matando, muerte en vida has trocado.”

Como se puede observar se contraponen vida y muerte: Cuando alguien muere, consigue algo superior a la vida terrenal, es decir, consigue la unión con Dios. El hecho de que utilice la palabra “matando” seguida de “muerte” nos hace crear una imagen más viva, además de conformar un extraño juego de palabras.

MUERTE = VIDA ETERNA

Como ya se ha comentado en la estructura y tema, San Juan entiende el alma a través de la Santísima Trinidad, por lo tanto podríamos decir que las palabras cautiverio, mano y toque son alegorías del Espíritu Santo, el Padre y el Hijo respectivamente.

CAUTIVERIO = ESPÍRITU SANTO.

                                                                                                      MANO = PADRE

                                                                                                      EL TOQUE = HIJO

CONCLUSIÓN

Hay que Destacar la importancia de la “Llama de amor viva” en la obra poética de San Juan de la Cruz. Llama de amor viva es sin duda la composición más pasional y ardiente de toda la obra poética de San Juan de la Cruz. En ella se refleja la cumbre del misticismo español de la época y también la cumbre de San Juan de la Cruz como poeta: su gran experiencia y su estado emocional se fundieron en la justa medida creando una de las grandes obras de su tiempo.

POWER POINT

LLAMA DE AMOR VIVA. San Juan de la cruz.

VÍDEO

Tras un amoroso lance.

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Tras un amoroso lance

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista
y la más fuerte conquista
en escuro se hacía
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto
y fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: No habrá quien alcance.
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.

COMENTARIO DEL POEMA

INTRODUCCIÓN

La composición Tras de un amoroso lance, escrita con toda probabilidad en Granada por los años 1584-15857, ha sido y es calificada como una de las menores de San Juan de la Cruz, lo que no ha impedido reconocer que, por su gran belleza, debería haber sido más valorada y ocupar un puesto más alto dentro de la obra poética del santo.

El poemita, inmerso en la tradición castellana, sigue la técnica del Cancionero. Se enmarca en una corriente popular y el tema que desarrolla no es otro que el de la «caza de amor», en la que éste es concebido como conquista lograda, y por ello victoriosa, después de una ardua persecución. Dentro de esta caza de amor, en sentido amplio aparece como una vigorosa rama «la caza cetrera de amor».

Es un poema “a lo divino”, o sea, ha sido divinizado. En esto se diferencia de los otros poemas analizados, que ya han sido creación directa de un tema espiritual. En su poemario solo se registran tres composiciones propiamente divinizadas, en las que se ha hecho una transposición por entero -Tras de un amoroso lance. Un Pastorcico y Por toda la hermosura-, pertenecientes las tres a una misma época, al período granadino. Bastan estas tres piezas para ver la originalidad de nuestro autor, que aunque aparentemente se suma a la oferta poética de su tiempo, a lo que solían hacer otros escritores religiosos (glosas, divinizaciones), lo hace con muy distinta motivación y resultado, no ya sólo para enfervorizar a sus lectores, sino para transmitir unas experiencias místicas de pureza y genuinidad poco comunes. Y es que en tiempos de Juan de la Cruz había mucha poesía piadosa, pero ningún precedente lírico de mística española, ninguna que expresara operaciones del alma tan recónditas.

TEMA Y ARGUMENTO

Con relación a la temática, la crítica mantiene un consenso unánime al inscribir esta composición poética en la tradición, vertida a lo divino, de la caza cetrera o altanera de amor, en la que el alma, asimilada a un halcón, neblí, gerifalte, etc., se lanza en persecución de la presa divina hasta hacerla suya. No obstante, tal vez sea conveniente matizar que, a pesar de la insistencia en el logro final de la caza, como objetivo gozosamente alcanzado, lo que verdaderamente se desarrollan en los versos son las cualidades, incidencias y vicisitudes del proceso ascensional que lo hicieron posible. Dicho de otro modo, el tema profundo de este poema, es el del vuelo.

La imagen del vuelo para simbolizar la elevación moral del alma hacia Dios es una constante de la tradición cristiana (la figura alada de los ángeles). Pero, al mismo tiempo, en San Juan es un símbolo, como otros claves suyos -Noche, Llama, etc.

ESTRUCTURA

Hay que justificar el porqué San Juan utiliza este tipo de composición.

Está impregnado del espíritu teresiano (Santa Teresa de Jesús) que favorecía e impulsaba la composición de coplas, romances, villancicos, etc., esto es, temas y metros populares, relacionados con momentos de la vida religiosa o con determinadas festividades.

Esta actividad poética carmelitana, de arranque anónimo y de sentido colectivo, se propagó debido al carácter musical, cantado, de estos versos inspirados en melodías populares. De este modo, se crea una auténtica escuela de poesía cantada carmelitana, que desde la rama femenina se extenderá rápidamente a los conventos de religiosos. Es este ambiente el que favorece y explica la incorporación de elementos de la lírica cancioneril en la obra de San Juan de la Cruz.

ESTRUCTURA INTERNA

El poema, compuesto por versos octosilábicos, consta de un estribillo, y de cuatro estrofas que glosan aspectos del mismo. La inserción reiterativa del cuarto verso -«que le di a la caza alcance»- y parte del tercero -«tan alto, tan alto»- se efectúa de tal manera que quedan incorporados orgánicamente a ellas por el sentido y por la rima.

Tanto el estribillo como las cuatro estrofas tienen el mismo esquema métrico: octosílabos con rima cruzada.

            Tras|de un|a|mo|ro|so| lan|ce     8a

            y| no| de es|pe|ran|za| fal|to        8b    

            vo|| tan| al|to| tan| al|to            8a    

            que| le| di a| la| ca|za al|can|ce.  8b

 

ESTRUCTURA INTERNA

El estribillo se constituye en un compendio que va a ser desglosado en las estrofas.

1ª Estrofa

En la primera se justifica la exigencia del «vuelo». Es una  imagen plástica donde se entrevé una dimensión: la verticalidad. No es un desplazamiento rasante, horizontal, paralelo a la superficie terrestre, sino perpendicular a la misma. Ello presupone un decidido e intenso impulso inicial. Se trata, pues, de una empresa apta tan sólo para ánimos valerosos y esforzados, dado que se afronta una verdadera aventura -espiritual- en la que no faltarán riesgos.

En este vuelo sustancial o esencial subyace la contraposición entre vida terrena o terrenal y vida celeste o celestial.  Y entre estas dos modalidades hay que optar, pues, son excluyentes entre sí: para obtener uno hay que renunciar, más aún, negar, reducir a la nada su opuesto. Pues bien, la verdadera vida es la aérea ( «aire»). De ahí su remonte, su fuerte ímpetu ascensional, para intentar llegar al fondo de esa infinitud y gozar de su anchura y soledad. en definitiva, de la libertad de espíritu. Y, así, es posible obtener la caza divina, si ésta se deja coger.

Sin embargo ante un vuelo de tan insondable lejanía, la preparación humana puede quedar corta -falto es el vocablo utilizado-. Ahora bien, el motor que propicia y facilita la ascensión es el amor. Él es la clave de donde arranca el empuje vital necesario e imprescindible para lanzarse a la aventura. En definitiva, el amor es lo que garantizará el éxito final: rendida por el amor, la caza divina se deja cazar.

2ª Estrofa

Se ponen de relieve determinados aspectos inherentes al símbolo del vuelo.

Uno de los símbolos más importantes es el de la Noche. Simboliza el proceso místico que conduce a la unión, pero enfocado en sus virtualidades y características negativas. Esta negatividad se refleja y expresa simbólicamente mediante la oscuridad. La Noche, ya de por sí carente de luz, es calificada de un modo insistente y enfático de oscura. Pues bien, en esta estrofa aparecen concentrados términos pertenecientes al campo semántico de la luz y de su ausencia; unos poéticamente aludidos, como luz o día, otros explícitamente presentes como oscuro, y otros, finalmente, relacionados con la «luz», como vista y sus antónimos, ceguera, ciego, etc.

El vuelo simboliza un proceso espiritual encaminado a la unión mística, es totalmente lógico y coherente con el sistema sanjuanista que, al menos alguna de sus fases o etapas sea oscura. Éstas, una vez superadas, harán que el proceso todo, la Noche, se convierta en amable, que precede al díaà unión mística. Condición del vuelo simbólico es que el movimiento vaya dirigido simultáneamente hacia la altura y hacia la luz.

Dios es la luz por antonomasia para San Juan. Por consiguiente, el que asciende se vuelve más puro, pero también más luminoso, y la meta a que se aspira es transformarse en Dios, esto es, en luz.

Ahora bien, si la aproximación al foco luminoso es excesiva, o demasiado brusca, se produce el deslumbramiento. Así, pues, la ceguera puede provenir de un exceso de luz. Con todo, tanto la ceguera como la oscuridad externa producen el mismo efecto: impedir que se vea con nitidez (ver = «conocer»). Pero, el ímpetu amoroso suple con creces la carencia visual e impulsa poderosamente a lo alto: a dar un salto calificado de ciego y oscuro. Acierta y alcanza la meta -presa- anhelada.

3ª Estrofa

Se describen unos rasgos declaradamente paradójicos de este vuelo. Tal posibilidad le viene dada por el carácter ambivalente que, como todo auténtico símbolo, posee; esto es, la capacidad de englobar y aunar contrarios entre sí. Este hecho es el que explica la abundante presencia de antítesis, muy frecuentes en las obras místicas y en concreto en la de San Juan de la Cruz: fuego tenebroso, noche alumbradora, oscura luz de contemplación, etc., y el que, cuando estas cualidades antitéticas se desarrollen, surjan las formulaciones paradójicas. Por eso se consideran las paradojas características del lenguaje místico, ya que éste,  ha de ser simbólico.

4ª Estrofa

La cuarta estrofa es un canto encendido a la esperanza. Pero la esperanza de «cielo». Otra vez, patente, la contraposición, de raigambre medieval, cielo / tierra; vida celestial / vida terrenal, y en la base, la de Creador / criatura. Se percibe vagamente la acción divina en ese vertiginoso final ascendente, extraño a la naturaleza humana. La manera puede aludir al modo de hallarse el alma, que significativamente no vuela, sino que pasa, sobrepasa o supera mil vuelos o etapas progresivas ascendentes. Parece como si el alma fuera levantada o arrebatada a lo alto, lo que nos sitúa en los últimos estadios del proceso místico, en los que en estado de pasividad, se deja  actuar por Dios.

El alma no debe hacer nada… salvo esperar. Una espera fundamentada en el amor. Se establece una relación entre entre alcanzar y esperar. El logro del primer elemento procederá del cumplimiento y acabamiento del segundo. Pero ambos, en este contexto, funcionan como antónimos. Hay una paradoja interna.

Conocemos, porque el propio autor se encarga de hacerlos explícitos, los niveles de intensidad y profundidad de la espera sanjuanista: esperó «sólo este lance». Dicho en otras palabras, su vida estaba proyectada única y exclusivamente hacia esta meta, hacia este fin. El divino lance constituía la finalidad de su existencia, lo único que otorgaba a ésta verdadero sentido. La esperanza es una virtud que tiende sus ejes hacia el futuro. Lo que pretende el santo es sumir al alma en un presente abierto y libre, sin recuerdos del pasado ni preocupaciones por el porvenir, sólo tenso hacia Dios. La apertura hacia el futuro se funda en la esperanza.

Los últimos versos de esta estrofa extraen la consecuencia, que el santo quiere poner de manifiesto y destacar preferentemente a sus hermanos de Orden: la esperanza, si es de realidades celestiales y está teñida de amor, conduce, en una progresión ascendente y sublimadora, a través de escalas y vuelos, a lo más alto, al espacio infinito y luminoso, a la cumbre solitaria del monte, donde, mansamente, en secreto -por fin- se consigue, la caza trascendente para fundirse con ella: «Cuanto más de esperanza tiene (el alma) tanto más de unión con Dios». Y en la unión mística, el alma, que posee ya a Dios, se hará Dios por participación.

CONCLUSIÓN

Se trata de una experiencia contemplativa, autobiográfica y de potente dinamismo (verbos de movimiento, en primera persona y totalmente opuesta al quietismo iluminista), cantada desde la cumbre (la acción está descrita en pretérito, como en el poema de la Noche, desde la paz de una visión total que está por encima de los avatares de la persecución), como un acontecimiento pasado, pero que perdura y es recordado con gran intensidad (la ausencia de adjetivos), condensado por entero en el dinamismo de las virtudes teologales, explícita e implícitamente significadas de esta manera: el amor (amoroso lance), la esperanza (y no de esperanza falto), y la fe (volé tan alto, tan alto), operando y proclamando juntas el éxito logrado (que le di a la caza alcance), la captura de una misteriosa presa de la que tampoco se nos dice su nombre, sólo su condición de ser el supremo objeto del deseo.

POWER POINT DEL POEMA.

TRAS UN AMOROSO LANCE. San Juan de la cruz.

 

 

 

 

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